La discreción de las ciencias exactas

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Artículo de Paola Obelleiro publicado en la edición de Galicia del diario El País el 14 de noviembre de 2010 sobre la figura de la matemática gallega María Wonenburger.


A continuación transcribimos el artículo completo:

La discreción de las ciencias exactas

María Wonenburger juega con las matemáticas ajena a la fama desde su retiro coruñés

PAOLA OBELLEIRO - A Coruña - 14/11/2010

Tardó medio siglo en conseguir en su país, España, el reconocimiento del que llevaba décadas gozando a nivel mundial, al otro lado del Atlántico, como una de las grandes de las matemáticas. Ya llevaba retirada 25 años en su casa coruñesa del puente de A Pasaxe cuando al fin le expidieron el título de doctora que la burocracia de la dictadura había extraviado y cuando comenzaron a sucederse los premios, homenajes, nombramientos y diplomas. El último le fue entregado hace unas semanas, doctor honoris causa por la Universidade da Coruña. "Juro" y "gracias" fueron las únicas palabras que pronunció María Wonenburger (Oleiros, 1927) en el acto oficial que la convirtió en la primera científica con ese título en el campus de su ciudad.

Una sobriedad verbal extrema acorde con la tremenda discreción, la humildad y el absoluto reparo a ser considerada una figura de los que hace gala esta gran dama de las ciencias exactas. "No se da ninguna importancia a sí misma, nunca consideró que tuviese otro mérito que el de hacer bien su trabajo y haber tenido la suerte de dirigir a buenos alumnos", cuenta su sobrino Xabier. Y eso no justifica, para Wonenburger, ningún honor, ni protagonizar páginas de periódicos. Desde hace un tiempo, rechaza de hecho dar entrevistas. Por simple pudor.

Risueña y espontánea, siempre responde "feliz" cuando se le pregunta por cómo está. Disfruta del transcurrir tranquilo y anónimo de su vida desde que se retiró, en pleno apogeo profesional, como docente e investigadora de las matemáticas en Estados Unidos para regresar en 1983 a A Coruña y atender a su madre enferma. Los números siempre fueron su pasión y gran amor y lo siguen siendo, pero "primero siempre está una madre", acostumbra a decir esta célebre algebrista, con trabajos cuya aplicación sigue teniendo un papel fundamental en el campo de la física y de la matemática desde la década de los 70. Muchos de sus colegas españoles cuentan a menudo su sorpresa mayúscula al descubrir la galleguidad de la Wonenburger que tanto citaban como referencia. Casi ninguno tenía ni la más mínima sospecha de que la creadora de la teoría de las álgebras Kac-Moody, "el salto al álgebra de los infinitos" resume ella, nació y vive al pie de la ría de O Burgo.

Toda la trayectoria de esta hija de una acomodada familia originaria de Alsacia (su abuelo y su padre llevaron una próspera y famosa fundición coruñesa) está marcada en realidad por ese estigma de nulo reconocimiento en su tierra pese a ser mundialmente venerada y admirada. Una vida marcada "por esas paradojas que provoca el carácter universal de la Ciencia", recalcó el rector coruñés al entregarle el honoris causa. Primero porque ser mujer y además científica en la dictadura de Franco no era precisamente compatible, ni fácil.

La privilegiada posición de su familia le permitió tener acceso a una excelente educación y largos estudios por aquel entonces inalcanzables para su sexo. Pero eso sí, cuando se fue a Madrid en 1945 para empezar Ciencias Exactas (se licenció con la primera promoción de Matemáticas, cinco años después) ni siquiera sabía si le valdría "algún día para enseñar a un nivel superior" que el de profesora de instituto. Hizo tres años de doctorado y fue la primera mujer española que logró una beca Fullbright (en 1953), su carta de embarque para irse a Estados Unidos donde, con 30 años recién cumplidos, lograría el doctorado por la prestigiosa Universidad de Yale y de la mano del algebrista más importante del pasado siglo, Nathan Jacobson.

La doctora María Wonenbuger regresó a España y volvió a no ser nadie. No valía su título de Yale. A pesar de que asegura tener nulo sentido práctico ("soy de mente abstracta", aduce), vuelve por tercera vez, la segunda en Madrid, a realizar un curso de doctorado y a elaborar una nueva tesis. El título le llegó 50 años después, en 2008. Pero mientras, y de nuevo con una beca, regresa en 1960 al continente americano, donde desarrollará álgebras, teorías y axiomas así como una brillante carrera como docente e investigadora, primero en Canadá y luego en Estados Unidos.

Siempre subraya que su suerte era la excelencia de sus estudiantes. Dirigió la tesis del "ahora reconocido" matemático Robert Moody, y otros más que son un referente en su campo. Nunca falta la sonrisa e incluso risa en boca de María cuando cuenta que mientras ya era considerada una eminencia mundial del álgebra, en España solo le ofrecían la posibilidad de seguir estudiando para pasar unas oposiciones de profesora y "conseguir, a lo mejor y con un poco de suerte" una plaza mal pagada.

Ahora que su trayectoria goza, al fin, de reconocimiento en su tierra, María, con 83 años, continúa, ajena a la fama, "jugando con los números y pensando", haciendo sudokus o colaborando esporádicamente para la Sociedad Española de Matemáticas, compartiendo charlas y paseos con amigos, en su mayoría del ramo.